Estimado Javier Fernández:

Como de la teoría a la práctica, usted no ha sabido trasladar -ni siquiera materializar- un crecimiento sin retorno pregonado de forma temeraria a los cuatro vientos y rodeado de palabras que colorean un cuento de ciencia ficción. Es el mal endémico del comunismo, y usted lo acaba de hacer propio. Y como tal cuento, no importan ya las mentiras ni la fina línea que las separan de la realidad. Todo el mundo se queda con lo más importante: Bambi ha muerto. Y usted está apunto (una vez más) de asesinarlo.

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