Estimado Javier Fernández:

Como de la teoría a la práctica, usted no ha sabido trasladar -ni siquiera materializar- un crecimiento sin retorno pregonado de forma temeraria a los cuatro vientos y rodeado de palabras que colorean un cuento de ciencia ficción. Es el mal endémico del comunismo, y usted lo acaba de hacer propio. Y como tal cuento, no importan ya las mentiras ni la fina línea que las separan de la realidad. Todo el mundo se queda con lo más importante: Bambi ha muerto. Y usted está apunto (una vez más) de asesinarlo.

Un ingeniero de caminos, canales y puertos forjado en Santander, con la guinda de un MBA en la Universidad de Georgetown. Nada que el dinero no pueda comprar. No me malinterprete, no le desmerezco; pero ello tampoco lo hace merecedor de ser el padre del neoliberalismo económico ni el más hábil diseñador de caminos. Ni por encima del bien ni del mal. No sea soberbio. En esto de la gestión hay quien se cree el mejor, porque el dinero todo lo compra. Pero no es así, el dinero no crea conocimiento sino al revés. No es cuestión de inteligencia, sino de pragmatismo, humildad, honradez, honestidad y sentido de responsabilidad autocrítica. Cualquier estúpido podría gestionar de forma decente cualquier acometido, sociedad o club, a mínimo que demostrara atesorar estas cualidades. Usted no lo ha demostrado, por mucho que se empeñe en lo contrario. Le delatan las manos manchadas de sangre.

Me sorprende que usted, gijonés de cuna, siga sin entender una filosofía que un tal Anselmo López creó (¿lo recuerda?). Este señor, al cual le ha costado reconocer hasta hace bien poco, solía jugar de portero. De forma literal y figurativa, porque su acometido era impedir que le metieran goles, a él y a su Sporting. Y a usted ya le han metido unos cuantos en forma de Doyen, Bravo Capital, Deuda Concursal, etc. Algunos de ellos en propia puerta, el colmo de los colmos (por ejemplo, un buen sueldo). El problema no es cometer errores (que también), sino no tener las agallas de reconocerlos y asumir la responsabilidad. Es más fácil ser soberbio y censurar medios (o intentarlo).

En lo deportivo era complicado hacerlo peor, pues la verdad es que se cuenta con un entorno inmejorable que muchos quisieran: estadio, instalaciones deportivas, cantera, afición, etc. Pero qué va a saber usted, si desde pequeño le inculcaron que no hay nada que el dinero no pueda comprar. Pues ya ve usted, que incluso habiendo podido invertir ese dinero en casa, su soberbia le ha cegado. Seguramente culpará al Director Deportivo o al entrenador (su particular cabeza de turco), pero a nadie engaña eludiendo responsabilidades, pues él es un mero ejecutor y usted quien ha de trazar el rumbo y las líneas a respetar. Entre sus prioridades Mareo no era una de ellas.

Puede que usted ni sus censores lean esto; pero si le quedara un mínimo de amor propio y dignidad tanto a usted como a su familia, por favor váyanse. Van camino de ser la familia más odiada de Gijón, si es que no lo son ya. Y no lo digo yo. Pero nada que vuestro orgullo y dinero no pueda comprar. ¿Verdad?

Saludos

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